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Música Clásica y ópera de Classissima

Riccardo Chailly

domingo 24 de septiembre de 2017


Ópera Perú

6 de julio

Julian Rachlin, multifacética personalidad

Ópera Perú Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)La Semana Santa de este año fue especial visitando Bogotá por segunda vez, en el Gran Festival Internacional de Música Clásica que esta ciudad presenta por tercera vez y que congrega a cientos de artistas en mas de 50 conciertos en solo tres días. Una de las grandes estrellas del cartel es Julian Rachlin, violinista, violista y director, quien en este festival mostró todas sus facetas, especialmente dirigiendo a jóvenes del proyecto de orquestas juveniles de la Filarmónica de Bogotá, en una presentación que casi me llevó a las lágrimas, por la fuerza del mensaje de su música. Rachlin no solo destaca en sus múltiples facetas, sino también como persona en su compromiso con los artistas mas jóvenes.Rachlin recientemente fue nombrado Director Asociado de la prestigiosa Royal Northern Sinfonia, orquesta de cámara de gran prestigio en Gran Bretaña. Con ellos realiza un intenso trabajo y estará de gira en Sudamérica, presentándose en Lima este viernes 7 de julio en el Gran Teatro Nacional, dentro del Ciclo Extraordinario de conciertos de la Sociedad Filarmónica de Lima.Pude conversar via telefónica con Julian Rachlin y conversamos no solo de lo que ofrecerá en este concierto especial, sino de la experiencia de lo vivido en un Festival tan completo y satisfactorio como el que se ofrece en Bogotá y al que acuden miles de personas.¿Cuáles han sido sus mas gratas experiencias en este gran Festival Bogotano?Es increíble este gran trabajo que Enrique Mucnik con el Teatro Mayor llevan adelante cada dos años, de llevar 55 conciertos  en 3 días y con tan alto nivel de artistas es espectacular. Es un honor para mi haber sido invitado por segunda vez. Fue una grata experiencia, especialmente trabajar con los niños de las orquestas juveniles de Colombia, uno recibe mucha energía e inspiración de todos estos jóvenes, y el nivel de su orquesta es sorprendentemente alto. Yo no esperaba francamente esa calidad de músicos. Estoy muy feliz de trabajar con ellos y también de mi trabajo con el maestro James Gaffigan, uno de los directores mas talentosos del mundo hoy día. La experiencia de tocar como solista, trabajar en conciertos de cámara con colegas de gran nivel y poder asistir a otros conciertos, como el de Mikhail Pletnev y la Orquesta Nacional Rusa fue una gran experiencia para mi.La interpretación que vi de usted dirigiendo a la Orquesta Fusión Juvenil de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, con los "Cuadros de una exposición" de Mussorgsky, fue una experiencia increíble y que me tocó mucho, por el alto nivel de interpretación y transmisión de los jóvenes bogotanos. ¿Cual es su aproximación en el trabajo con este tipo de orquestas, su mensaje o aprendizaje en este tipo de trabajo?No sabría decir quién es el maestro o quien el que aprende, pero algo que me sorprende y conmueve es cuan dedicados y cuan serios son con la música. Y no solo sobre el escenario, sino en el trabajo en los ensayos, trabajando duro para mejorar. Esto es lo mas importante que un músico puede hacer, y en general cualquier se humano, no importa su edad, esforzarnos por mejorar siempre. En cierta forma, nosotros somos como peregrinos, dedicando nuestra vida a la música y es una decisión muy seria. Justo esta es la sensación que tengo de estos jóvenes, son muy serios sobre esto y quieren dedicar su vida al arte. Por eso son tan apasionados con lo que hacen, quieren saber cómo mejorar y cual es la forma de lograrlo. Ellos preguntan mucho y están muy interesados en aprender. No solo por jóvenes, también con mayores y quiero recalcarlo. Tuve una experiencia con Rostropovich, el tenía 75 años, y el seguía preguntando las mismas cosas, siempre interesado en mejorar. Lo mismo con Lorin Maazel, y otros. Tuve suerte de trabajar con estas y otras leyendas de la música, incluso con Leonard Bernstein cuando era muy chico, recibiendo algunas lecciones de el. Todos ellos se esforzaron por mejorar y aprender hasta el final de sus vidas. Y aunque fueron grandes, ellos nunca lo creyeron y siempre fueron humildes al respecto.Hablando de su propio festival musical "Julian Rachlin & Friends", tengo entendido que lo retomará de nuevo este año, luego de una pausa. De esta experiencia en el Festival bogotano, ¿qué experiencias puede tomar para el suyo?He llevado mi Festival por 12 años en la ciudad de Dubrovnik en Croacia, pero ahora iniciamos una nueva etapa en Palma de Mallorca, en España. La razón de hacerlo es juntar a mis grandes amigos, que se da que son extraordinarios artistas y con los que hacemos música de cámara. Esta nos parece es la forma mas directa de comunicar la música al público y entre nosotros mismos, por lo que la disfrutamos mucho. En una vida tan ocupada como esta, encontrar el tiempo de hacer esta música con grandes amigos es un gran placer e inspiración.¿Cuáles son sus expectativas de volver a Lima, esta vez como director y solista de su orquesta, la Royal Northern Sinfonia, que se presentará este viernes en el Gran Teatro Nacional?Estuve una vez en Lima hace dos años tocando el violín como solista, fue una grata experiencia. Además, soy amigo de Juan Diego Flórez, quien también vive en Viena, y me conmueve su compromiso y trabajo con su proyecto en Perú. Me encantaría ir y trabajar con los niños de su proyecto. Estoy emocionado también de presentar esta orquesta en Perú, una de las mas importantes orquestas de cámara, del mundo, debo decir. Disfruto mucho trabajar con ellos pues ensayamos mucho y eso es un privilegio que no se tiene siempre. Uno no llega para empezar a ensayar, ellos ya están listos, han aprendido sus partes y se esfuerzan constantemente por dar lo mejor, como los jóvenes de Bogotá. Esto es algo inusual en nuestro tiempo y eso lo hace especial. Es un gran honor para mi trabajar con ellos. Presentaremos obras de Mozart, Mendelssohn y Hindemith, y tocaré tanto el violín como la viola. Estoy seguro que el público disfrutará de la calidad de la orquesta y los resultados del trabajo en conjunto serán de lo mejor. Sobre Julian RachlinJulian Rachlin es uno de los violinistas más respetados de nuestro tiempo. A lo largo de su carrera ha establecido estrechas relaciones con varios de los directores y orquestas más prestigiosas del mundo. Compromisos recientes incluyen actuaciones con la Munich Philharmonic y Zubin Mehta, St. Petersburg Philharmonic y Yuri Temirkanov, Israel Philharmonic Orchestra y Gianandrea Noseda; La Scala Philharmonic Orchestra y Riccardo Chailly y la Orchestre National de France dirigida por Daniele Gatti, entre otros.Como director, Rachlin viene realizando su segunda temporada como Director Principal invitado de la Royal Northern Sinfonia, y muy pronto volverá a dirigir la Camerata Salzburg, la Orchestra della Svizzera Italiana, la Filarmonía de Praga y la Orquesta Filarmónica Real de Liverpool. Además de deleitar a su público con sus presentaciones, ha recibido también el reconocimiento como Embajador de Buena Voluntad UNICEF por su labor filantrópica y de extensión educativa.Nacido en Lituania en 1974, Rachlin emigró a Viena en 1978. Estudió violín con Boris Kuschnir en el Conservatorio de Viena. Luego de ganar el Premio al Músico Joven del Año en el Eurovision Competition en Ámsterdam, se convirtió en el solista más joven en tocar con la Filarmónica de Viena, haciendo su debut bajo la dirección de Riccardo Muti. Sus grabaciones para los sellos discográficos Sony Classical, Warner Classics y Deutsche Grammophon han sido recibidos con gran entusiasmo por parte del público y la crítica especializada.La orquesta de cámara Royal Northern Sinfonia, Orchestra of Sage Gateshead, es la única orquesta de cámara de tiempo completo del Reino Unido. Fundada en 1958 ha ganado una reputación internacional por la calidad de sus conciertos y la inmediata conexión que sus músicos tienen con el público. La orquesta representa a la región del noreste en el BBC Proms, en el Festival de Edimburgo y el año pasado, en sus giras por Europa.En recientes temporadas, la RNS ha trabajado con directores y solistas de la talla de Christian Tetzlaff, Christian Lindberg, Olli Mustonen y Robert Levin, con cantantes de renombre internacional como Sally Matthews, Karen Cargill y Elizabeth Watts, así como con algunas voces del mundo pop, como Sting, Ben Folds y John Grant.JULIAN RACHLIN / ROYAL NORTHERN SINFONIAViernes 7 de julio, 8:00 pm. Gran Teatro NacionalAv. Javier Prado Este 2225, San BorjaPrograma:W. A. Mozart: Obertura de Las noches de FígaroF. Mendelssohn: Concierto para violín y orquesta en mi menor, op. 64P. Hindemith: Música fúnebre para viola y orquesta de cuerdasF. Mendelssohn: Sinfonía italiana Nº 4 en la mayor, op. 90

Ya nos queda un día menos

14 de junio

Petrushka y Pulcinella por Abbado

He conseguido "vía Rusia" –el navegante bien informado ya sabe a qué me refiero– el SACD editado en Japón que incluye las interpretaciones de Petrushka y Pulcinella registradas por Claudio Abbado para Deutsche Grammophon al frente de la Sinfónica de Londres en la etapa en la que el maestro milanés era titular de la referida formación. No las conocía. Me han gustado mucho, aunque más la lectura de la primera de las obras, que me parece fenomenal, que la de la segunda. Petrushka recibe una interpretación marcada por la vivacidad, la chispa y el carácter bullicioso de una batuta a veces algo más apresurada de la cuenta, pero depuradísima y precisa en la tímbrica –incisiva en su grado justo–, clara en las texturas, llena de ritmo y muy certera a la hora de diferenciar en lo expresivo a cada uno de los personajes y las situaciones que ofrece la genial partitura stravinskiana, si bien en una línea más caricaturesca que otra cosa; al contrario que Bernstein, Dohnányi o Chailly, Abbado decide no humanizar a los protagonistas de la acción y dejarlos en lo que son, unos muñecos. Un incisivo y nervioso –en el mejor de los sentidos– piano de Leslie Howard redondea una realización de enorme altura. En Pulcinella también priman una luminosidad, una chispa, un sentido del humor y unas ganas de vivir irresistibles. Ahora bien, aquí a Abbado se le va un poco la mano y resulta, en más de una ocasión, en exceso nervioso en el fraseo, por momentos pimpante. Esto no significa que descuide la sensualidad y el sentido cantable que asimismo anidan en esta música, pero lo cierto es que tales aspectos los ha sabido poner de relieve bastante mejor Pierre Boulez (¡quién lo diría!) en la interpretación, muy diferente a ésta, aquí hace poco comentada. La Sinfónica de Londres, tratada con incisividad adecuada, responde con encomiable virtuosismo a los requerimientos del maestro italiano, mientras que el equipo de cantantes ofrece un digno nivel: correcto Neal Davis, solvente John Shirley-Quirk y más interesante en lo vocal que en lo expresivo –aun elegantísima– nuestra Teresa Berganza. En el SACD el sonido de Petrushka, registro realizado en septiembre de 1980, es asombroso: limpio, natural y de admirable brillantez en el agudo. No sé cómo se las han apañado los chicos de Esoteric, pero parece claro que muchas de las últimas grabaciones analógicas eran en origen mejores que las primeras digitales. La toma de Pulcinella, de 1978, es menos buena. Si saben dónde encontrar este disco, ya saben.




Ipromesisposi

16 de mayo

Bach: Suite Ouverture no. 2 BWV 1067

La obra que hoy se conoce como Suite nº 2 en si menor (BWV 1067) fue (podría haber sido) compuesta por Johann Sebastian Bach hacia 1739 para los programas semanales del Collegium Musicum en Lepizig. Siguiendo el modelo versallesco, la Ouverture (como Bach la denominó) contiene un conjunto de danzas libremente estilizadas y abstraídas de sus formas originales, usándolas como sugerencias de climas y ritmos, cada movimiento autónomo, consistente en tonalidad pero sin compartir material temático. La polifonía intrincada, el equilibrio entre texturas densas y transparentes, el refinamiento rítmico, el inteligente uso de consonancia y disonancia, el sofisticado lenguaje armónico, son todos ellos elementos coherentes con el tardío origen de la Ouverture.La adaptación al obligado discurso francés está atenuada por la inclusión de episodios concertantes a la italiana asignados aquí a una flauta travesera acrobática, además de los dos violines, viola y continuo que dan a la obra un carácter camerístico a lo largo de sus siete movimientos: I La Ouverture nombra a la composición global, asociada a un ritmo solemne acorde a la pompa cortesana. Consta de una introducción lenta con ritmo pointeé, y una sección fugada a cuatro voces con el lúdico contrapunto de la flauta en regular alternancia con el ritornellodel ripieno. Bach respeta la división tripartita del modelo de Lully aunque la sección final niega la simetría e introduce un cambio significativo de ritmo (Lentement, a 3/4), otorgando canto propio al solista.II Rondeaux A paso marcado de gavota, casi de puntillas, se va desgranando la melodía principal. Simultáneamente canción y danza, con sus líneas individuales hiladas para implicar una gentil coreografía de ambiguedad rítmica que va entretejiendo las síncopas de los bajos.III Sarabande. Grave y elegante, Bach aprovecha el tempo lento para urdir una polifonía contrapuntística en forma de canon a la quinta entre el solista y el continuo reduciendo la textura a la intimidad.IV Un vigoroso salto de cuarta ascendente genera la Bourée con las células temáticas variando asimétricamente sobre burlón ostinato en el continuo. La segunda bourée es un trío dirigido por la flauta y acompañado por sincopados violines.V Polonoise y Double En la primera instancia la flauta toca la melodía junto al violín, proponiéndose la danza en modo mayor y menor. La Double está referida a un tipo de variación ornamentada donde el continuo recupera la melodía principal que en la polonoiseejecutó la flauta, y ésta flota ingrávida sus arabescos, las cuerdas superiores observando un respetuoso silencio.VI Menuet. Otro movimiento binario, de formalidad abstracta y autónoma del mundo de la danza, en imitación y diálogo, gracioso y moderado en tempo, simple en textura. VII La Battinerie es una forma jocosa asociada al repertorio del ballet, de habilidad centrada en la agilidad y control respiratorio de la flauta solista y con el apoyo vigoroso de las cuerdas. 51 lossless recordings of complete Bach Orchestral Suites Ouvertures (Magnet link)  Link to the torrent file Dado que Willem Mengelberg interpretó la Ouverture nº 2 de manera frecuente desde finales del siglo XIX escogeremos su lectura de 1931 (aunque no sea la primera grabada) para abrir la ventana decimonónica. Las crónicas nos cuentan que Mengelberg dirigía esta obra desde un piano con sus martillos recubiertos de cobre para reinventar el sonido del clave. El contundente órgano que arropa las masivas líneas graves de las cuerdas del Concertgebouw Amsterdam desvela la relación directa que Mengelberg hacía de esta obra al arte coral sacro de Bach. Emblema del director recreador (“Bach no es matemáticas” solía decir), no dota a la suite de un pulso básico, sino que adopta el latido de los motivos y sus réplicas devocionales: Bouréeevangelizadora, Sarabande claustral, trapista Menuet. E impone su propia personalidad en otras alteraciones dramáticas como los idiosincráticos rallentandi para cerrar las frases orquestales, las exageradas dinámicas en forma de largos crescendi que van erigiendo la estructura musical de la obra, las coloristas reorquestaciones (como las dos flautas que intentan equilibrar la catarata orquestal), o, en fin, los portamentiy vibrati que perfuman en distintas variedades los atriles de las cuerdas, y cuyos acordes se mantienen un poco después del pulso para ganar peso e importancia. La edición de Pearl conserva menos filtrada que la de Naxos la espaciosa resonancia natural del Concertgebouw. Desde los años 30 la tradicional orquesta bruckneriana ejecutó la Ouverturede manera maravillosa. O más bien, maravillosa como música, si bien orquestalmente trabada con sus densas capas de potencia colosal, sin contraste de colores ni de tempi. En esta media centuria posterior las grabaciones adoptaron una suerte de compromiso historicista usando conjuntos camerísticos paulatinamente reducidos, variando la tímbrica en las repeticiones, estudiando las ornamentaciones barrocas, reemplazando el piano por el clave, pero reteniendo el estilo moderno de ejecución en las cuerdas (articulación y vibrato). Así pues, mirando desde esta atalaya del siglo XXI y renunciando al criterio histórico que ha regido este púlpito en otras ocasiones, prescindiremos del estólido Busch (EMI, 1936), relegaremos la objetividad gargantuesca y pastosa de Klemperer (EMI, 1954), descartaremos los planos pulidos que van amasando las danzas de Scherchen (Scribendum, 1954), olvidaremos la escasa imaginación de Beinum (Philips, 1955), postergaremos la vívida grabación de Ristenpart (Accord, 1960), excluiremos los implacables y ciclópeos bloques de Richter (Archiv, 1961), desterraremos el lacado legato de Karajan (DG, 1964), y excluiremos el sentimiento trágico de Casals (Sony, 1966). Llegamos al año cero.                                 Cuando Nikolaus Harnoncourt fundó el Concentus Musicus Wien en 1953 “no por razones históricas sino artísticas, dado que la música de cualquier período es más convincente utilizando sus recursos coetáneos” no podía preveer el recorrido que esta vía iba a tener. Harnoncourt ensayó durante cuatro años las técnicas interpretativas barrocas antes de dar su primer concierto, y aún cinco años más antes de enfrentarse a los estudios de grabación. Profético, siguiendo el dogma exploratorio y aventurero de sus previos Brandenburgische Konzerte, utilizó por primera vez en la Ouverture un instrumento por parte, restaurados a su forma del siglo XVIII (en puente, alma, barra armónica y mástil) y además vueltos a encordar con tripa. Aparte de la novedad del sonido ácido de los instrumentos antiguos (Harnoncourt niega que sean un estado preliminar e imperfecto en el desarrollo de los modernos, e insiste que su esencia permanece en una diferente -pero válida- relación de sonido y equilibrio), ya se observa el drama rítmico, la nitidez de la polifonía, la brusquedad agresiva y abrupta en el fraseo del bajo que se atemperará en la siguiente grabación, más amanerada. Sin embargo, hoy nos parece incorrecto el ritmo pointée de la apertura (que significa que las diferencias entre los valores rítmicos cortos y largos son exageradas respecto a sus valores reales y cuya praxis consiste en acortar las notas breves). También en la Sarabande los grupos de corcheas son interpretados con llamativas notes inégales, alternando duraciones. En la sección double de la Polonoise el flautista Leopold Stastny pasa apuros en la regulación del aliento y los otros instrumentistas han de esperarle al final de sus frases. Un chirriante sonido otorga un inédito énfasis al clave (Teldec, 1966), cuyo eco vagó 16 años por el desierto. “Read, read, read”. Éste es el consejo que da el hoy profesor Reinhardt Goebel a sus alumnos de violín barroco. “El conocimiento es la fuente de la inspiración” es el mottode la individualidad rompiente de Goebel, que copió personalmente todo el repertorio de Musica Antiqua Köln a lo largo de sus 35 años de existencia, estudiando, investigando, preguntándose el conocimiento íntimo de los compositores y sus épocas a partir de las fuentes históricas. Disertación extraordinaria, de diáfanas y luminosas texturas instrumentales, fraseo y articulación furiosos e inmaculadamente claros, transparencia acerada y vigorosa, con fuerte presión del arco y un leve grado de vibrato. Wilbert Hazelzet aparece como un traverso de irreprochable técnica que aúna una sensitiva interpretación con ornamentaciones imaginativas, meticulosas y elegantes. Sin reñir con la severidad y rigidez de temperamento que requiere la partitura, Goebel intensifica deliciosamente el dramatismo teatral, la danza en abandono expresivo, como la Bourée, o la Battinerie de diabólica vitalidad rítmica que exige el mayor virtuosismo del ensemble. Grabación holográfica (Archiv, 1982), donde la cercanía de los micrófonos concita una intimidad que remarca la polifonía contrapuntística (por ejemplo en la pacífica Sarabande donde la presencia del clave refulge en su orfebrería). Todavía hoy esta disección de la arquitectura barroca, contrastada y excesiva pero plenamente lírica provoca controversia y hace sonar a sus contemporáneos blandos y tiernos (y quizás a todos los posteriores). Veámoslos: Las cuerdas no reducidas de los English Baroque Soloists (Erato, 1983) perjudican el concepto camerístico, excepto en la ágil y danzable Double y en la repetición de la Sarabande (a una parte, ¡como Bach reclama!). John Eliot Gardiner se muestra áspero y poco ceremonial, abrasivo, perfeccionista y anónimo. Peor es la planitud emocional de Hans-Martin Linde, sin estética distinguible, al frente de su propio Consort (HMV, 1983) de robustez germánica pero escaso marco dinámico. Una breve mención para The Academy of St. Martin in the Fields, que si bien marcó en sus diversas grabaciones (Decca, 1970, 1978 y 1985, todas con Marriner) un importante estadio en términos de definición de escala y consistencia de la ejecución musical, siempre estuvo fondeada dentro del puerto seguro de los instrumentos modernos. “La idea de Hogwood era la de coger una pintura antigua y limpiarla, restaurarla, quitarle el barniz… El problema es que, desde mi punto de vista, se llevó demasiado barniz y con él, la vida”. Así de rotunda se muestra Monica Huggett, integrante de las cuerdas de sonido anémico en configuración (4.4.2.2) que componen The Academy of Ancient Music (L'Oiseau Lyre, 1985). Disciplina calvinista, pero sin intentar una interpretaciónconsciente: puro, preciso, soso. Al contrario que The AAM (que durante sus primeros años solo grabó discos) The English Concert era una orquesta itinerante dedicada a la interpretación pública, de modo que Trevor Pinnock pensaba primordialmente en sus requerimientos sónicos, capaces de llenar una sala de conciertos: aquí se muestra comedido, cohesionado, equilibrado y tan refinado como siempre (DG, 1980). La relativa pausa en sus ritmos aromatiza refinamiento cortesano (Bourée), contrastando las texturas de la Amsterdam Baroque Orchestra. El clave florido de Ton Koopman proporciona una fresca perspectiva cuando ocasionalmente modifica la armonía. Atención a la articulación, toda fantasía, de Hazelzet en la Sarabande. Fragante Menuet, y grácil y dinámica Polonoise. La grabación alejada (RCA, 1988) amortigua impecable el robusto cuerpo de cuerdas (5.4.2.2) para que el traverso esté presente en todo momento, algo remarcable ya que el solista suele quedar sumergido bajo el primer violín, incluso con un contingente mínimo de cuerdas. Su posterior acercamiento (Erato, 1997) sigue por parecidos derroteros, con la reconsideración de un instrumento por parte. El título del disco (Suites for dancing) explicita el iconoclasta concepto que plantea William Malloch al frente de los Boston Early Music Soloists (Koch, 1989). El dogma se concreta en unos tempi infernales que se mantienen a lo largo de la suite, incluso en la introducción. La Sarabande cubista o la electro-espasmódica Polonoise, obtienen, como no, críticas feroces. Apuntemos aquí que George Muffat, que era poco mayor que Bach y una autoridad en el estilo francés, requería la necesidad de “observar exactamente la oposición o rivalidad entre lo lento y lo rápido de manera que el oído quede embelesado en singular asombro, como lo es el ojo por el antagonismo entre luz y sombra”. Roy Goodman diferencia las variaciones instrumentales en las repeticiones donde se resalta la cuerda pulsada al continuo. Profundidad en la grabación donde The Brandemburg Consort (Hyperion, 1990) muestra calidez y presencia. Los ritmos de Jordi Savall, elegantemente contenidos, respiran con lentitud y dignidad, contagiosos de carácter aunque el ensemble no esté perfectamente conjuntado. Imaginación e individualidad en la delicada ornamentación, en la presencia de las líneas medias en el moroso Rondeaux, en la regia variación dinámica (Polonoise), en las lúcidas texturas en la segunda Bourée (“doucement” solicita Bach). La robustez de los planos sonoros de Le Concert des Nations (4.4.2.2.) funde en un sonido achocolatado, denso y relajado. Su voluptuosidad se extiende a la resonancia de la toma sonora (Alia Vox, 1990). En un plano de casta intelectualidad y menor distinción Andrew Parrott abandona sus habituales Taverner Players y escoge a sus solistas (una voz por parte, con el espléndido traverso de Christopher Krueger) de entre los componentes de la Boston Early Music Festival Orchestra (EMI, 1992). Sorprende más por ello la ornamentación inconsistente entre flauta y bajo en el canon de la Sarabande. Frans Brüggen también escoge un instrumento por parte de su Orchesta of the Age of Enlightenment (Philips, 1994), con el toque especial de dos laúdes haciendo el continuo, muy afrancesado, etéreo y delicado. Seductora e íntima, la intervención interpretativa es aparentemente mínima, sin terapias de choque, tempi iconoclastas o inflamadas retóricas. Ornamentaciones selectamente escogidas, fraseos y ritmos galantes que permiten gran refinamiento expresivo, con sutiles gradaciones dinámicas y flexibilidad de las cantabiles corcheas desiguales. Lisa Beznosiuk ha grabado la obra como solista en cuatro ocasiones anteriormente, tan vehemente y límpida como en este lance. Philip Pickett ha basado las velocidades de los movimientos de las danzas en el contemporáneo tratado de Johann Matheson Der vollkommene Capellmeister (1739), donde se dan descriptivas atribuciones de los affektsadecuados. Los resultados pueden ser controvertidos, comenzando con la cautelosa Overture, siguiendo con un Rondeaux de disciplina matemática exenta de sonrisas, una Bourée de cadencia calma y complaciente, y finalizando con una Battineriefrenética. El New London Consort asume asimismo el concepto que, lento pero seguro, está trastocando el universo sonoro bachiano desde que Rifkin en 1981 y posteriormente Parrott y otros investigadores han argumentado que Bach interpretó muchas de sus producciones con una voz por parte. La ubicua Beznosiuk combina su ágil articulación con una atinada ornamentación, y se integra asombrosamente en el conjunto. La cristalina presencia de las voces medias atestigua como Bach usa los conjuntos instrumentales de una forma policoral (L’Oyseau Lyre, 1995). Ajustado a la cálida afinación francesa barroca (la = 392 Hz), un tono entero más baja que la afinación barroca convencional. Críticos contemporáneos se quejaban de que Bach no permitía a sus intérpretes añadir ornamentaciones a su antojo, ya que de hecho consideraba tal materia dentro de la esfera de su creatividad, propia e intransferible. El traverso de Stefano Bet desafía al viejo pelucón y une su coloratura vocalal cúmulo de ornamentaciones carismáticas y versallescas desplegadas por Diego Fasolis al clave y el grupo I Barrocchisti (4.4.1.1) al ripieno. Alto voltaje dinámico, especiado cuando no picante, y alternancias de soli-tutti en las danzas (Rondeauxlullyano, Bourée II sin aliento). Algunas repeticiones se hacen a un tempo diverso, variando con imaginación y drama tumultuosos(Arts Music, 2001). Toda la creatividad que escasea en Pearlman (Telarc, 2003) y cuyo interés reside en que emplea un método adaptativo para equilibrar la sonoridad: las múltiples cuerdas del Boston Baroque para los pasajes en tutti se reducen a un instrumento por parte cuando la flauta canta su propia línea melódica. Poco poética en general, como en la apresurada Sarabande. Café Zimmermann (nominado en honor del ahumado local donde los melómanos de Leipzig fumaban y tomaban café mientras escuchaban músicos de cierto prestigio, entre ellos un tal Johann Sebastian, que además fue su productor ejecutivo durante una década) trae toda la inmediatez y espontaneidad del concierto en directo, con extremos de tempi, nervio dinámico (dado que apenas existen marcaciones dinámicas en la partitura, su interpretación recae en los solistas), y diálogo permanente con el bajo continuo, glorioso en su rol melódico y armónico. Diana Baroni al traverso se empasta en el conjunto en vez de solicitar protagonismo (algo que sí se arroga el clave en la Sarabande). En la toma sonora se prioriza la personalidad y diafaneidad instrumental (Alpha, 2003). Contraste mayúsculo con la lectura piadosa y humilde de Masaaki Suzuki, dirigiendo discretamente desde el clave. Contemplativo, haendeliano, respeta el decorum y apacigua las disonancias. Liliko Maeda purifica con su dócil timbre la suave y recatada Battinerie. La tranquila puesta sonora despliega los solistas del Bach Collegium Japan (BIS, 2003). El oboista Gonzalo Ruiz argumentó en 2005 que la Ouverture es una transcipción posterior de una obra elaborada en los juveniles años de Köthen entre 1717 y 1723. De esta guisa la tesitura del obóe encajaría exactamente con las peticiones de la partitura, integrándose en el centro del tejido musical. Además de que las cuerdas transitan por terreno más cómodo, llegando hasta la nota más grave de cada instrumento, se evita el problemático equilibrio entre la flauta y el violín que la dobla, siempre al borde del eclipse. Ya en terreno práctico, la ejecución es del todo convincente, con un solista ágil y de timbre opulento, aunque quizás en conjunto la obra resulta más severa y menos galante (por ejemplo, la Battinerie emprende un marcado emblema militar). El Ensemble Sonnerie recrea el tamaño de la orquesta del príncipe Leopold (3.3.1.1) a lomos de tempiligeros y trotones. La dirección desde el violín de Monica Huggett (que aprendió la obra bajo la batuta de Pinnock, Koopman y Hogwood) articula la narrativa y procura ímpetu y entusiasmo dinámico a la secuencia de danzas, navegando desde las líneas largas de la Ouverture a las vibrantes y angulares de las rústicas danzas, sin menoscabo de que la exactitud de las notas en el contrapunto cuadricule la percepción estructural. La cálida grabación (Avie, 2007) redondea esta reconstrucción. El cuidadoso examen del manuscrito de la Ouverture ha revelado que se trata de un trabajo de trasposición desde la menor a si menor: mientras el propio Bach escribió la parte solista a la flauta (podría ser el caso que Johann Sebastian hubiera hecho esta transcripción cuando su hijo Carl Philipp fue designado como músico de cámara en la corte prusiana del rey Federico en 1739, de manera que fuera presentada al patrón flautista como homenaje), los otros copistas cometieron numerosos errores que posteriormente fueron corregidos por el compositor. Rifkin propuso en 1996 que el instrumento solista podría ser un violín (a pesar de que su parte tiene un rango muy limitado, evitando casi enteramente la cuerda de sol, por lo que queda a la sombra de la línea del concertino, circunstancia desconocida en todo el repertorio violinístico). Los solistas de la Tafelmusik Baroque Orchestra (Analekta, 2011) recuperan esta (posible) versión original en la menor con el violín como concertista: Sonido pulido y brillante, metódico pero expresivo, moderado en cuanto a acentuación y tímbrica, sin decantarse por el cuidadoso y aterrazado trabajo holandés ni por las tormentas operísticas de los nuevos italianos. Ouverture a salvo de pomposidad, revelando los diálogos internos en la sección fugada; sin la flauta la Battinerie queda un poco plana y arcaica. Jeanne Lamon, fantástica en su línea cantabile y fraseo legato, hace esta lectura preferible a la de los demás violinistas: Como la de Vandaele, Dombrecht e Il Fondamento (Fuga Libera, 2010), con impurezas en entonación y empastado en las cuerdas (3.3.2.2), pero equilibrado en tímbrica, con un continuo sensacional en calidez energética. O la del anguloso Gross y la Elbipolis Barockorchester Hamburg (Challenge, 2013) que añade de manera entusiasta una percusión improvisada que hace de la Bourée un baile zíngaro, y en la Battineriecaprichea contraria al metro de la pieza. El énfasis muscular resulta en un fraseo cuadriculado, pero peor aún es la misteriosa desaparición de la Double de la Polonoise. Dándole protagonismo al traverso y suavizando las cuerdas, la versión de Goltz y sus Freiburger Barockorchester (HM, 2011) opta por el concepto concertante. Desde un paisaje sonoro similar al de las primeras lecturas de Pinnock o Koopman comparte con Goebel el acercamiento desde un punto de partida retórico. Pese a que su ligazón a la severidad bachiana pueda ser sorpresiva, Karl Kaiser deslumbra con preciosas ornamentaciones rococó que destellan chispeantes tímbricas entre flauta y cuerdas. Ocasionalmente los pulsos fuertes son destacados, subrayando el impacto rítmico a pesar de no enfatizar el ritmo pointée en la Ouverture, o como en una Polonoise de acentos prusianos. Espaciosa y resonante toma sonora cuya transparencia sacrifica impacto. Sigisvald Kuijken ha variado su discurso desde su primera grabación de 1982: “There is no longer any justification—neither historical nor musical—for such a large number of players”. Por tanto La Petite Band se reduce a una voz por parte, y a pesar de que el bajo consiste en un descomunal violone de ocho pies, el resultado se me antoja escaso de presencia de graves. El melancólico Rondeaux triunfa por la sutil aplicación de ritmos desiguales, concepto romántico (es decir, musical) que va calando entre el movimiento historicista, y la Battinerie ostenta un chocante tempoklemperiano que alivia el resuello de Barthold Kuijken. La toma sonora distanciada facilita la perspectiva (Accent, 2012). Tres décadas después de su fundación por Christopher Hogwood, The Academy of Ancient Music pasó a tener como director musical a Richard Egarr, al que se le ha llegado a calificar como el Bernstein de la música antigua. Esta grabación (AAM, 2013) compensa el ascetismo de la instrumentación solista con la afinación baja francesa (la = 392Hz) y con el carácter vigoroso con el que Egarr gobierna desde el prominente clave, acentuando las síncopas al modo del (cierto) jazz. El impulsivo staccato de Rachel Brown en la Polonoise desborda su respiración, algo que no ocurre en la relajada Battinerie, donde incluso se permite alguna ornamentación. Las voces medias se integran en la conversación gracias al ritmo pausado (relativo) y a las largas frases. La cercanía de los micrófonos manifiesta como un contrabajo refuerza los graves. El documento que Riccardo Chailly grabó para Decca en 2000 muestra el arreglo didáctico que realizó Gustav Mahler (delineando dinámicas y clarificando sombras pero sin proponer nuevos colores) ejemplificando su respeto hacia sus predecesores: “Mientras las personas tengan emociones y sentimientos, Bach permanecerá como el cimiento sobre el que la música del futuro se desarrollará”. No fue hasta su periplo americano en 1909 cuando Mahler tuvo la oportunidad de ejecutar en concierto estas palabras, seleccionando para la Filarmónica de Nueva York unos movimientos de las Suites 2 y 3 (compuestas de manera aislada, ninguna fuente considera las cuatro Ouvertures conservadas como un grupo de obras. Simplemente son las únicas de este tipo que han sobrevivido). Agrupando Rondeaux y Battinerie tras la Ouverture, y continuando con el Air y un par de Gavotas, Mahler compuso expresamente la línea del continuo que el mismo interpretaba en un piano especialmente preparado para emular el sonido del clave, además del órgano devocional que ya escuchamos en la primera propuesta: Terminamos como empezamos, con el Concertgebouw de Amsterdam, con la forma en que se entendía a Bach a principios del S. XX. Invención o restitución, quizás el verdadero espíritu del historicismo sea la actitud inquisitiva y de investigación más que la especifidad de afinación, instrumentación u ornamentación.



Riccardo Chailly

Riccardo Chailly (20 de febrero de 1953) es un director de orquesta italiano. Comenzó su carrera como director de ópera, extendiendo gradualmente su repertorio para abarcar la música sinfónica. Desde 2005 es el director principal de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig.



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