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Música Clásica y ópera de Classissima

Riccardo Chailly

martes 23 de agosto de 2016


Ya nos queda un día menos

13 de mayo

Excepcional Bartók de Chailly

Ya nos queda un día menosCorría el año 1997. Todavía en sus tiempos más felices frente a la sensacional formación holandesa, Chailly dio la campanada con un disco Bartók que incluía soberbias interpretaciones de El mandarín maravilloso –versión completa– y el Concierto para orquesta recogidas en toma sonora portentosa, insuperable, de referencia absoluta en el formato CD. Concretando sobre los resultados artísticos, el Concierto para orquesta recibe una interpretación relativamente lenta y paladeada de manera admirable que sobresale por la asombrosa claridad de líneas polifónicas y de texturas, hasta el punto de que en ninguna otra interpretación, ni siquiera en la singularísima de Celibidache, se escuchan tantísimas cosas como en esta. Expresivamente, además, el maestro milanés acierta a la hora de atender a todas las facetas de la partitura, desde el misterio hasta la brillantez del final pasando por el drama y por el sentido del humor, aunque aquí pueden echarse de menos la intensidad de un Fricsay, el sarcasmo de un Szell y, sobre todo, la garra y el sentido teatral de un Solti. Sobran, por otra parte, algunas excentricidades en la coda, lo que no impide que globalmente se trate de una lectura extraordinaria.   Aún mejor el ballet, un verdadero prodigio por todo: tensión interna, sentido del ritmo, riqueza de color, tratamiento de las texturas y, sobre todo, expresividad en cada una de las frases y de las intervenciones solistas. Puede que algún pasaje se haya escuchado aún con mayor inspiración en los registros de Boulez, Abbado o Dorati, o en las espléndidas suites grabadas por Solti, pero al maestro milanés, visceral en alto grado pero no precisamente desatento a la sensualidad ni el misterio, mantiene casi siempre el listón en lo más alto, muy particularmente en los tres sucesivos intentos de asesinato del mandarín, recreados de manera magistral.

camino de musica

13 de mayo

Dal tuo stellato soglio – Mosè in Egitto, Rossini

Dal tuo stellato soglio – Mosè in Egitto, RossiniRead More → Cecilia Bartoli: Assisa al piè d’un salice (Otello,... Rossini: L’italiana in Algeri (Obertura) –... Renata Tebaldi: Inflammatus (Stabat Mater, Rossini) Joyce DiDonato – Stella di Napoli, nuevo CD Chailly – Rossini: Petite Messe Solennelle




Ópera Perú

22 de abril

Nelson Freire y la herencia de Brahms

© Eric Dahan / Decca ClassicsConversamos con la leyenda del piano antes de su concierto con la OSN, con la cual tocó por última vez hace 50 años.Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)Como Mozart, el pianista brasileño Nelson Freire inició una carrera casi a la par de sus años de vida. Desde los 3 ya tocaba de memoria partes musicales que su hermana mayor acababa de tocar, e inmediatamente tomó clases nada menos que con discípulos del mismísimo Franz Liszt. A los 5 ya tocaba sonatas de Mozart y a los 12 competía tocando obras complejas como el "Emperador" de Beethoven.Con 55 años de carrera a cuestas, es difícil mencionar a algún legendario director u orquesta con quien no haya tocado, y lugar donde no se haya presentado. Perteneciente a una generación que incluye a leyendas como Maurizio Pollini, Martha Argerich, Mitsuko Uchida, András Schiff, y otros, Freire mantiene una carrera fulgurante tanto en las salas de concierto como en los estudios, donde sigue grabando. Su discografía es extensa e incluye integrales de los principales compositores. Beethoven, Chopin y Brahms entre sus mas tocados.Freire vuelve a Lima luego de varios años y recuerda perfectamente cuando fue que tocó con la Orquesta Sinfónica Nacional la primera vez: "Celebrar los cumpleaños es muy importante, sobre todo una fecha como los 21 años. Ese lo pasé aquí, el 18 de octubre de 1965, en el Teatro Municipal. Dirigía Leopoldo La Rosa y toqué el "Emperador" de Beethoven" Nos comenta claramente. "Fue un concierto que pueden encontrar en los periódicos, en El Comercio o La Prensa. "Luego volví al año siguiente, y pasó un buen tiempo. Volví una vez mas hace unos 10 años, y este concierto será un reencuentro con la orquesta después de 50 años".Durante nuestra amplia conversación mencionó a muchos directores, orquestas y programas. Sorprende esa amplia memoria fotográfica. "Recuerdo muy bien lo antiguo sobretodo".Personalmente al entrevistar a un personaje con tanta trayectoria, para uno es difícil no hacer preguntas o cuestionamientos repetitivos. Sin embargo me interesa mucho saber cómo usted se acerca a los compositores, sobretodo a los clásicos que han estado en su carrera toda la vida, y cómo cambia su percepción de la interpretación de esos clásicos.Es una búsqueda eterna. Siempre se está aprendiendo, profundizando en la obras, es algo infinito. Se aplica la vieja frase "cuanto mas se, menos se".Dígame si me equivoco, pero entiendo que Beethoven, Chopin y otros son relevantes en esta eterna búsqueda.Brahms también. Lo descubrí a los 14 años cuando estudié el Concierto no. 2. Son obras que hacen parte de mi vida y me acompañan. Uno ve las raíces y como interpretarlas. Las obras son como personas, van cambiando pero las raíces se mantienen.Una vez el maestro Joaquín Achúcarro me comentaba, categóricamente, que el segundo concierto para piano de Brahms era la pieza mas grande escrita de toda la música. Se me quedó grabado. Usted, habiendo vivido tantos años con esta obra, ¿qué piensa de ella? En general se dice que Brahms es un compositor para interpretar en la madurez, y que su sonido es muy demandante.Mucha gente piensa que Brahms es un compositor de madurez y se interpreta cuando uno ya tiene trayectoria. Pero el hizo muchas obras cuando era joven. Escribió solo tres sonatas para piano, la Op. 1, Op. 2 y Op. 5. El primer concierto también y pasó mucho tiempo entre el primero y el segundo. Con el tiempo uno madura y va descubriendo muchos recursos en su música. Creo que la juventud no es algo que limite la interpretación, sino es cuestión de sensibilidad y percepción de la música. Yo siempre tuve mucha afinidad con el, mi preferido desde los 14. Cuando hay interés y pasión, no hay que esperar tener barba para tocar ciertas obras. Junto a Riccardo Chailly y la Gewandhaus de Leipzig grabó los dos conciertos de Brahms. Decca / © Gert MothesY cómo ha cambiado su idea de interpretar a Brahms a los 14, y cómo la ve ahora. ¿Ha cambiado?Como decía, las raíces quedan, claro que con el tiempo uno ve mas cosas, pero la esencia sigue igual.Entiendo que acaba de grabar el quinto concierto de Beethoven, otro de los grandes que lo ha acompañado siempre. Hablando de su sonido o la "marca Freire". ¿Es la misma, o ha ido cambiando con el tiempo?Creo que uno mejora con el tiempo, pero la mano es la misma. El sonido es algo muy personal que uno desarrolla...¿es muy difícil hablar de música, no cree? (ríe).Vladimir Ashkenazy me comentó una vez que a pesar de tocar diferentes repertorios, el se quedaba siempre con los clásicos. ¿Es también su caso?Siempre tuve mucho interés en leer nueva música y hacer repertorio. La música contemporánea si no me interesó mucho hasta ahora, no lo hará después. Es que me gustan tanto Chopin, Brahms, Beethoven, Prokofiev, hasta Villalobos, que me quedo con ellos. En el arte uno tiene que ser muy sincero.Sobre las nuevas generaciones de pianistas, es difícil escoger o tener un favorito, pero...¿Quiere saber cuál es mi favorito? (Daniil) Trifonov, sin duda...Estoy de acuerdo con usted...Yo fui jurado en los Concursos Chopin y Tchaikovsky. En el Chopin en 2010 estuve con Martha Argerich, y los dos le dimos el primer premio a Trifonov. Finalmente ganó el tercero, pero para nosotros es un fenómeno. Empezó muy joven y progresó muchísimo en este tiempo.Usted como Martha Argerich tiene una legión de seguidores que mantienen la tradición, no precisamente alumnos. ¿Cree usted que la gran tradición me mantiene vigente, ha progresado, es mejor o peor hoy?En el Concurso Chopin de Varsovia en 2010 que le mencionaba fue un concurso muy especial y de muy alto nivel, mas que en otras generaciones. Esto es algo que conversé mucho con Martha. Hoy hay muchos talentos muy grandes, pero las interpretaciones cambian. La palabra "mejor" no me gusta. Los de mucho antes eran fantásticos: Rachmaninov, Horowitz, Rubinstein...Siempre se dice que "el pasado fue mejor", pero para ustedes se espera que el futuro sea mejor...Y este presente está muy bueno.¿Cómo podría describirnos este segundo concierto de Brahms que interpretará este viernes?Es una gran obra que hay que escuchar y sentir. Tiene un gran carácter sinfónico y al mismo tiempo camerístico. Hay mucho amor en esta obra y tiene aspectos de la madurez de Brahms un dolor casi palpable. Si hay que hablar de música yo creo que hay que hablar de colores, materia. Es una música otoñal y una gran composición. Empieza con un tema muy simple, tres notas que suben y bajan, y forman una catedral con un efecto enorme. Es un tipo de composición muy de Brahms, con pocos elementos logra un efecto increíble.Freire se reencuentra con el público peruano este viernes a las 8:00 pm en el Gran Teatro Nacional, interpretando el Concierto para piano y orquesta no. 2 de Johannes Brahms, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Fernando Valcárcel. Entradas a la venta en Teleticket.



Ópera Perú

21 de abril

Nelson Freire engalana temporada de la OSN

© Mat Hennek / Decca ClassicsOrquesta Sinfónica Nacional tendrá como invitado al renombrado pianista brasileño Nelson Freire interpretando el Concierto no. 2 de Brahms. El concierto será el viernes 22 de abril en el Gran Teatro Nacional.(Difusión) La Orquesta Sinfónica Nacional, elenco del Ministerio de Cultura del Perú, anuncia segundo concierto de su Temporada de Otoño, este viernes 22 de abril a las 8:00 pm. en el Gran Teatro Nacional. En esta segunda fecha, la OSN presentará el concierto llamado “Freire interpreta a Brahms”, dirigido también por el maestro Fernando Valcárcel y contará con la extraordinaria participación del pianista brasileño Nelson Freire, quien estará interpretando el Concierto para piano n° 2  de Johannes Brahms. Asimismo, la OSN deleitará al público con Popol Vuh, op. 44 de Alberto Ginastera, en estreno para el Perú.Nelson Freire, desde los primeros años de su vida ya se mostraba como un verdadero talento prodigioso. Con apenas 3 años se sentaba al piano y con cinco años era capaz de tocar más de cuarenta piezas e incluso llegó a tocar uno de los conciertos de Mozart delante del público. Con 6 años se traslada con su familia a Río de Janeiro para estudiar con Nise Obino y Lucia Branco.  Con sólo ocho años toca con la Sinfónica de Río de Janeiro uno de los conciertos para piano y orquesta de Mozart y con trece, con la misma orquesta, el Concierto Nº 5 “Emperador” de Beethoven. A los doce gana el Concurso de Piano de Río de Janeiro. Como miembros del jurado tuvo nada menos que a Guimoar Novaes, Lili Kraus y a Marguerite Long. Se traslada entonces a Viena para continuar sus estudios de piano con el maestro Bruno Seidlhofer. Se puede decir que ya a los quince años Freire no era simplemente un prodigio, sino un pianista plenamente formado con todas sus características: pleno dominio técnico y una enorme riqueza musical interpretativa. En 1964 obtiene el primer Premio en el concurso internacional “Vianna da Motta” en Portugal en pugna con el pianista ruso Vladimir Kraniev. A partir de ese momento comenzó a presentarse con las orquestas sinfónicas de mayor prestigio europeo. En 1970 se presenta por primera vez en los Estados Unidos, concretamente en Nueva York ejecutando el Concierto Nº 4 de Rachmaninov.Las entradas para la Temporada de Otoño 2016 de la Orquesta Sinfónica Nacional pueden adquirirse en los módulos de Teleticket y en la boletería del Gran Teatro Nacional, ubicado en la Av. Javier Prado Este 2225, esquina con la Av. Aviación, San Borja. Los precios van desde los s/.15 y hay abonos para los conciertos de la temporada.Los estudiantes universitarios, niños, jóvenes del Servicio Militar, jubilados y afiliados a CONADIS recibirán un descuento especial para cada fecha.El espectáculo organizado por la Dirección de Elencos Nacionales del Ministerio de Cultura es auspiciado por La República, Hotel Meliá, Radio Filarmonía y el Instituto Superior Orson Welles. MINISTERIO DE CULTURA ORQUESTA SINFÓNICA NACIONALTemporada de Otoño 2016 Domingo 22 de Abril – 8:00 p.m. Gran Teatro Nacional “Freire interpreta a Brahms” Director: Fernando Valcárcel (Perú)Solista: Nelson Freire, piano (Brasil)  Alberto Ginastera*: Popol Vuh, op. 44   (ESTRENO EN PERÚ)    Johannes Brahms Concierto para piano n° 2 * En el marco de las conmemoraciones mundiales realizadas este año por el centenario del nacimiento del compositor, coincidentes con el Bicentenario de la independencia de la República Argentina.© OSNFernando Valcárcel Director - CompositorActual director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú (OSN) el compositor, director y pianista peruano Fernando Valcárcel es una de las principales figuras musicales emergentes en los últimos años en el Perú. Su presencia al frente de la OSN la ha convertido en una orquesta versátil y con proyección, aportándole dinamismo y enriqueciendo su programación al impulsar la ejecución de obras de compositores peruanos contemporáneos y del repertorio universal de los siglos XX y XXI. En cinco años de gestión al frente de la orquesta ha programado más de cien obras de compositores peruanos, siendo más de treinta de ellas estrenos absolutos. Recientemente, bajo su dirección, la orquesta realizó en Colombia su primera gira internacional en casi setenta años, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo) 2014. En octubre del año siguiente participó con la orquesta en el prestigioso Festival Cervantino, en México.En la Temporada 2016 resaltan sus debuts con la Orquesta Sinfónica del Estado de Siberia, en Rusia; la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato y la Orquesta Filarmónica de Boca del Río, en México. Asimismo, los estrenos peruanos de la Sinfonía Dante, de Franz Liszt; la Sinfonía Turangalila, de Olivier Messiaen; Popol Vuh, de Alberto Ginastera;  Metaboles, de Henri Dutilleux; y el estreno absoluto de El movimiento y el sueño, de Celso Garrido-Lecca. Igualmente, una producción del Ballet Nacional de Romeo y Julieta, de Sergei Prokofiev; grabaciones monográficas dedicadas a los compositores nacionales Theodoro Valcárcel, Francisco Pulgar-Vidal y Celso Garrido-Lecca (con las que se retoma la labor discográfica de la OSN); y participaciones con solistas de renombre como Nelson Freire, Gabriela Montero y Vadim Gluzman. Su larga lista de colaboraciones artísticas incluye a Shlomo Mintz, Garrick Ohlsson, Joaquín Achúcarro, Leticia Moreno, Alessio Bax, Julian Rachlin, Roberto Díaz, Lilya Zilberstein y Javier Perianes, entre otros. También a varios de los principales artistas nacionales e importantes figuras de la música popular peruana como Tania Libertad, Raúl García Zárate, Manuelcha Prado, Jean Pierre Magnet, Manuel Miranda, Dina Páucar y los candidatos al Grammy Latino Eva Ayllón y Lucho Quequezana. En julio de 2012 compartió escenario con Plácido Domingo, Ana María Martínez y Eugene Kohn en su gira al Perú.El maestro Valcárcel ha dirigido las principales orquestas profesionales de su país y ha recibido invitaciones de varias orquestas latinoamericanas como la Sinfónica de Yucatán, la Filarmónica de Bogotá, y la Sinfónica Nacional de Argentina.Ha participado con la OSN en varias producciones del Ministerio de Cultura como la Ópera – Ballet Akas Kas, La Promesa del Guerrero, de Nilo Velarde, con la cual se inauguró oficialmente, en 2012, el Gran Teatro Nacional (GTN), actual principal escenario peruano. Asimismo, dirigió El Elixir de Amor, de Gaetano Donizetti, con una puesta en escena inspirada en la serie El Circo, del pintor colombiano Fernando Botero.Fernando Valcárcel se graduó en 1996 como compositor en el prestigioso Curtis Institute of Music de Filadelfia, EE.UU. Realizó estudios de postgrado en composición en McGill University en Montreal, Canadá. En 2007 obtuvo su maestría en dirección de orquesta en Texas Christian University en Fort Worth, Estados Unidos.Proviene de una familia de ilustres músicos. Su tío abuelo, Theodoro Valcárcel, y su padre, Edgar Valcárcel, son dos de los más importantes compositores peruanos de quienes ha heredado un especial interés y compromiso por el estudio y rescate de los valores nacionales. Es en este espíritu que se encuentra trabajando la edición crítica de las obras completas de ambos compositores.Fernando Valcárcel fue elegido Músico del Año 2013 en Perú por la bitácora Ópera Perú. http://operaperu.blogspot.com/search?q=resumen+2013.© Benjamin Ealovega Nelson Freire, PianoNelson Freire nació el 18 de octubre de 1944 en la ciudad brasileña de Boa Esperança. Desde los primeros años de su vida ya se mostraba como un verdadero talento prodigioso. Con apenas 3 años se sentaba al piano y con sus pequeñas manos repetía todo lo que su hermana mayor tocaba. Con cinco años era capaz de tocar más de cuarenta piezas e incluso llegó a tocar uno de los conciertos de Mozart delante del público. Con 6 años se traslada con su familia a Río de Janeiro para estudiar con Nise Obino y Lúcia Branco.  Con sólo ocho años toca con la Sinfónica de Río de Janeiro uno de los conciertos para piano y orquesta de Mozart y con trece, con la misma orquesta, el Concierto Nº 5 “Emperador” de Beethoven. Su fama llega a tales niveles, que cuando tuvo diez años pusieron su nombre a una de las calles de su ciudad natal. A los doce se presenta en el Concurso de Piano de Río de Janeiro. Como miembros del jurado tuvo nada menos que a Guimoar Novaes, Lili Kraus y a Marguerite Long. El pequeño Nelson se llevó todos los premios. Se traslada entonces a Viena para continuar sus estudios de piano con el maestro Bruno Seidlhofer. Se puede decir que ya a los quince años Freire no era simplemente un prodigio, sino un pianista plenamente formado con todas sus características: pleno dominio técnico y una enorme riqueza musical interpretativa. En 1964 obtiene el primer Premio en el concurso internacional “Vianna da Motta” en Portugal en pugna con el pianista ruso Vladimir Kraniev. A partir de ese momento comenzó a presentarse con las orquestas sinfónicas de mayor prestigio europeo. En 1970 se presenta por primera vez en los Estados Unidos, concretamente en Nueva York ejecutando el Concierto Nº 4 de Rachmaninov. Tuvo tal éxito, que siguió con presentaciones en público en Chicago, Los Ángeles, Cleveland y Denver. Ha trabajado y ha viajado con muchos directores de orquesta incluyendo a Pierre Boulez, Kurt Masur, André Previn, David Zinman, Vaclav Neumann, Hugh Wolff, Roberto Carnevale, John Nelson, Seiji Ozawa y Riccardo Chailly.Siendo ya una figura internacional, inicia una gran amistad con la pianista argentina Marta Argerich, con la cual realiza varias actuaciones y grabaciones a dos pianos. Ha actuado también junto a Gidon Kremer y Misha Maisky.  Freire ha grabado para los sellos Sony/CBS, Teldec, Philips y Deutsche Grammophon. Tiene también un contrato exclusivo con Decca y la primera grabación con este sello estuvo dedicada exclusivamente a obras de Chopin, registro que consiguió la aclamación crítica y un “Diapasón de oro”. Las más recientes grabaciones incluyen una serie de 2 CDs de los conciertos para piano de Brahms con la orquesta de la Gewandhaus bajo la dirección de Riccardo Chailly y un CD dedicado a las sonatas de Beethoven, también lanzado por Decca.

Ya nos queda un día menos

17 de abril

Concierto para piano nº 2 de Rachmaninov: discografía comparada

Actualización: 17-04-2016. Esta entrada se publicó por primera vez el 27 de diciembre de 2013. Añado ahora comentarios de las interpretaciones de Janis/Dorati, Entremont/Bernstein, Vásáry/Ahronovitch, Grimaud/López Cobos, Grimaud/Ashkenazy, Kawamura/Belohlavek y Kissin/Chung. Lamento no haber podido escuchar la mayoría de las grabaciones recomendadas por los lectores. _____________________ La historia la conocen ustedes de sobra: Rachmaninov cayó en una tremenda depresión tras el estreno de su Primera sinfonía, pero este Concierto para piano y orquesta nº 2, compuesto entre 1900 y 1901, le sacó de la postración y le convirtió en uno de los artistas más populares y queridos del siglo XX, mal que le pese a los pedantorros comprometidos con la modernidad. No es, con todo, la mejor obra concertante del autor ruso: a mi entender, ese puesto se lo merecen sus muy tardías Variaciones sobre un tema de Paganini. En cualquier caso, se trata de una partitura muy bella a la que con sumo placer le he dedicado en las últimas semanas unas cuantas horas de audición que me ha permitido realizar esta pequeña comparativa. No hay la menor intención de sentar cátedra: no son más que unos apuntes para intercambiar opiniones. Son sus movimientos: 1- Moderato; 2 – Adagio sostenuto; 3 – Allegro scherzando 1. Rachmaninov. Stokowski/Philadelphia (Naxos, 1929). El gran interés de este registro es, obviamente, escuchar al propio compositor al piano. Desde luego está magnífico, haciendo gala de una gran agilidad, naturalidad y flexibilidad en su parte. Lo curioso es que no se preocupa tanto de la vertiente melancólica como de la más extravertida de su música, como si le quisiera dar la razón a los que ven en él –muy injustamente– un creador superficial y exhibicionista. Muy meritoria la encendida y entusiasta batuta de un Stokowsky que también sabe recrearse bien en la parte lírica de la obra, si bien es cierto que algunas frases podrían estar más paladeadas y que hay algún que otro exceso y contundencia marca de la casa. La toma sonora, como es lógico, deja mucho que desear. (8) 2. Rubinstein. Reiner/Chicago (RCA, 1956). Del pianista polaco hay que admirar la prodigiosa naturalidad, fluidez, transparencia y sinceridad de su trabajo, aquí no especialmente personal ni inspirado, pero sí apasionado, flexible, variado y lleno de virtuosismo, pero su conjunción con Reiner no termina de redondearse. El primer movimiento, encendido, rústico y viril, decepciona relativamente por una batuta que se precipita un tanto y que no profundiza todo lo que debe en el lado lírico y sensual de la obra. Magnífico el segundo, muy bien paladeado por la batuta pero dotado también de un punto de dramatismo y rebeldía. El Allegro scherzando tiene altibajos, pero alcanza un final de innegable grandiosidad y apasionamiento. Sonido estupendo para la época. (8)    3. Richter. Sanderling/Filarmónica de Leningrado (Praga, febrero 1959). Un director de fraseo cálido, humanístico y ajeno a excesos. Un pianista de fraseo lento y concentrado, sensibilidad honda y gran creatividad al que le interesa mucho antes la sustancia dramática –y la relación entre una nota en la siguiente, siempre llena de significado– que la belleza sonora o el mero virtuosismo. Entre dos artistas de tan grande calibre se supone que la interpretación debería ser colosal, mas no termina de ser así: en el primer movimiento el célebre tema principal suena un punto enfático, incluso hinchado, en la sección central del segundo el solista se echa a correr y en el tercero vuelve, poco antes del final, el fraseo algo hipertrofiado e insincero. (8)      4. Richter. Wislocki/Filarmónica de Varsovia (DG, abril 1959). Un par de meses después de su registro en vivo, Richter se metió en el estudio de grabación para dejar su grabación oficial de la obra. Las frases enfáticas de la orquesta en los movimientos extremos siguen aquí, lo que deja claro que no eran cosa de Sanderling sino del propio pianista. Desgraciadamente, Richter no consigue aquí la escalofriante introducción de la anterior ocasión, si bien en la sección rápida del Adagio sostenuto esta vez no se precipita como entonces. Por otra parte, Stanislaw Wislocki carece de la personalidad cálida y comunicativa de su colega, y la formación polaca no posee la belleza sonora de la Filarmónica de Leningrado, así que la interpretación en vivo resulta globalmente preferible. Esta de DG suena, lógicamente, mucho mejor. (7) 5. Janis. Dorati/Sinfónica de Minneapolis (Mercury, 1960). Dirección bien delineada pero seca, fría y escasamente sensual, muy ajena al estilo, al servicio de un pianista de enorme virtuosismo pero bastante cuadriculado en el fraseo que se queda en la mera brillantez en los movimientos extremos, para ofrecer entremedias un Adagio sostenuto tan bonito como insustancial. Incluso escuchada en HD-audio, la toma sonora queda por debajo de lo que el mito de Mercury Living Presence hace esperar. (6)  6. Entremont. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1960). Hay que distinguir aquí entre el Bernstein del Adagio sostenuto, lento y concentrado, atento a paladear las melodías con delectación –aunque sin terminar de resultar todo lo emotivo que debiera–, del Bernstein de los dos movimiento extremos, extrovertido y con gancho pero al mismo tiempo de fraseo impulsivo, por no decir exhibicionista, más atento al golpe de efecto que a la planificación minuciosa y a la creatividad, además de un tanto ajeno al estilo. El joven Entremont –treinta y cuatro años– transita por senda parecida, ofreciendo más fuego que sensualidad, humanismo o poesía, y cayendo no pocas veces en la pura exhibición de agilidad pianística ajena al matiz expresivo. La orquesta no puede ocultar sus limitaciones, y la toma sonora tampoco está a la altura. (6) 7. Van Cliburn. Reiner/Chicago (RCA, 1962). El joven pianista tejano aporta incuestionable virtuosismo, un fraseo sin precipitaciones y gran sensatez expresiva. El veterano maestro húngaro, romanticismo objetivo, viril y sin devaneos, además de un fabuloso control de los medios. A ambos les falta riqueza de matices, variedad expresiva y una buena dosis de emotividad. De temperatura emocional, incluso: el gran clímax del primer movimiento sobre el tema principal le falta fuerza. El sonido en SACD es bueno sin más. (7)      8. Wild. Horenstein/Royal Philharmonic (Chesky-Chandos, 1965). La dirección de Horenstein, aunque muy poco afín con el estilo y no muy emotiva, es globalmente digna por su buen pulso y acertado sentido dramático. El problema es Wild: pulsación nítida pero más bien neutra, fraseo de monocorde, escasez de aliento poético y búsqueda exclusiva de la espectacularidad. Al final, cascadas de notas una detrás de la otra, todas iguales, concatenadas sin la menor intención expresiva. Muy buena la toma sonora, como era habitual en las producciones de Charles Gerhardt. (5)     9. Ashkenazy. Previn/Sinfónica de Londres (Decca, 1970). El más grande pianista en Rachmaninov –variado en su sonido, altamente creativo pero sin narcisismos– se encuentra con la mejor batuta para este repertorio. El resultado es memorable, por todo: idioma, calidez, vuelo poético, melancolía en su dosis justa, claridad, riqueza tímbrica, variedad sonora, rusticidad bien entendida, energía… La orquesta londinense está muy aprovechada y alcanza un sonido ideal para el autor. La versión ideal, que tras la último reprocesado –háganse a ser posible con la versión HD– suena, por si fuera poco, muchísimo mejor que antes. (10) 10. Rubinstein. Ormandy/Philadelphia (RCA, 1971). Ormandy fue un maestro particularmente afín a este repertorio, y aquí lo demuestra con una dirección realmente magnífica, equilibrada entre lo rústico y lo melancólico, ausente de efectismos y atenta a las texturas orquestales. Impresionantes, por descontado, los músicos de Filadelfia, sobresaliendo unas maderas muy carnosas. El anciano Rubinstein se muestra igual de sensible, ágil y equilibrado que entonces. que con Reiner, pero ahora aún más flexible, variado y emocionante. Sería estupendo que algún día se recuperase la toma cuadrafónica original. (9)    11. Weissenberg. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD DG, 1973). Todo está en su sitio, las sonoridades son muy hermosas, y el equilibrio entre una apreciable opulencia sonora y un refinamiento extremo está muy conseguido. No podía ser menos con Karajan. El problema es que el maestro, que opta en principio por la vertiente lírica y evocadora de la página, no parece lograr sus objetivos: el resultado es frío. El pianista es todo agilidad y no se precipita, pero su sonido no es muy variado, matiza poco y, en general, se muestra cuadriculado. (6)  12. Vásáry. Yuri Ahronovitch/Sinfónica de Londres (DG, 1975). Excelente toma sonora –salvo en los fortísimos– para una interpretación sosegada, dicha con enorme belleza sonora y fraseada con tanta sensualidad como sentido cantable, pero en exceso centrada en los aspectos más ensoñados y contemplativos de esta música –sobre todo en el segundo movimiento, claro–, echándose de menos tanto el regusto amargo de la particular melancolía del autor como esa incisividad y esa garra dramática que también deben ser ingredientes de la misma. Una recreación, en definitiva, para escuchar a la luz de la luna dejándose embriagar por las fragancias del jardín, pero no para profundizar en la partitura. (8)    13. Ashkenazy. Haitink/Concertgebouw (Decca, 1984). Haciendo gala de su habitual objetividad, claridad, ausencia absoluta de devaneos sonoros y buen pulso, Haitink construye una interpretación lenta y maravillosamente paladeada, muy introvertida y meditativa, pero no por ello falta de brillantez y garra cuando debe. Impresionante toda la última sección del tercer movimiento, intensa y conmovedora sin perder lo más mínimo la lentitud del pulso, y de una grandeza unida a la mayor sinceridad. Ashkenazy vuelve a mostrarse pletórico de virtuosismo y perfecto en el idioma, variado en el sonido, sensible en su punto justo, paladeando y matizando con minuciosidad y sentido. La orquesta holandesa, fabulosa en lo técnico y rebosante de musicalidad. Toma sonora a la altura de las circunstancias. Otra referencia. (10)     14. Kissin. Gergiev/Sinfónica de Londres (RCA, 1988). A sus diecisiete años Kissin está sensacional, arrebatador pero muy controlado al mismo tiempo, exhibiendo un sonido riquísimo de amplia gama dinámica, una enorme claridad y una gran atención a los matices sin caer en amaneramientos. Gergiev se encuentra en su salsa en los momentos más extrovertidos, dichos con garra y sonido apropiado, pero se pierde en los más íntimos, cayendo con frecuencia en lo blando, en la timidez expresiva e incluso en la ñoñería. ¡Qué oportunidad perdida! (7)      15. Gavrilov. Ashkenazy/Royal Philharmonic (EMI, 1989). El artista que mejor ha interpretado la obra desde el teclado se encuentra todavía por estas fechas –poco después comenzaría un largo declive– en su gran momento como director, y al empuñar aquí la batuta ofrece una recreación vehemente, apasionada, perfecta en estilo y rica en detalles de elevada inspiración, aunque también algo precipitada por momentos. Quien desconcierta es el pianista, dueño de un toque riquísimo y pletórico de virtuosismo, pero considerablemente desigual en la concentración, alternando pasajes maravillosamente paladeados con otros interesado en hacer alarde de la agilidad digital y dichos por completo de pasada. La toma sonora del CD –existe una filmación comercializada en su día y ahora disponible en YouTube– dista de convencer para la fecha pese a estar realizada contando con la excelente acústica de la Gran Sala del Conservatorio de Moscú. (8)     16. Bronfman. Salonen/Philharmonia (Sony, 1990). Ciertamente el maestro nórdico hace honor a su fama de artista analítico y objetivo con una interpretación de magnífico trazo, admirablemente desmenuzada, sometida a un riguroso control de la forma y por completo ajena a efectismos, amaneramientos y cualquier suerte de devaneo sonoro, pero no puede considerarse que su realización resulte fría ni distanciada. De hecho Salonen se toma las cosas con calma, paladea con singular nobleza las melodías y sabe ofrecer una serena calidez poética un Adagio sostenuto esencial y contenido, sin dejar de ofrecer en los movimientos extremos, ya que no especial garra dramática, una irreprochable construcción de las tensiones. Bronfman, de toque ágil e incisivo, se muestra sobrado de virtuosismo y sabe atender a todas las facetas expresivas de la partitura, solo en contados momentos dejándose llevar por el mero mecanicismo con que algunas frases de la partitura suelen tentar al solista. (9) 17. Grimaud. López Cobos/Royal Philharmonic (Denon, 1992). Una Grimaud de tan solo veintidós años hace gala de un sonido muy bello –más que musculado o poderoso–, una enorme agilidad y un asombroso dominio de la gama dinámica para ofrecer una interpretación apolínea ante todo, fluida y equilibrada, de admirable cantabilidad y delicado lirismo, aunque no por ello exenta de garra. En cualquier caso, le falta aún una vuelta de tuerca en lo expresivo, y le sobra la tendencia a lo cuadriculado en la sección virtuosística del segundo movimiento. La dirección de López Cobos es cuidadosa y de apreciable belleza, antes que atmosférica o apasionada, y sabe ofrecer brillantez bien entendida en el movimiento conclusivo. No muy lograda la toma, a pesar de estar realizada en Abbey Road. (8)    18. Thibaudet. Ashkenazy/Cleveland (Decca, 1993). Técnicamente la interpretación resulta inobjetable. Ashkenazy controla de maravilla a la fabulosa orquesta, haciéndola sonar además en el punto justo de equilibrio entre lo rocoso y lo sensual que necesita Rachmaninov, mientras que Thibaudet, de sonido afilado pero poderoso, ejecuta las cascadas de notas con una limpieza fuera de lo común. Interpretativamente el asunto es harina de otro costal, porque los dos artistas, aun desenvolviéndose de maravilla en el estilo –faltaría más en el caso del de Gorki–, evidencian una extraña irregularidad en la concentración y escaso interés por los matices expresivos. El primer movimiento comienza con irreprochable corrección pero de desarrolla de manera un tanto lineal hasta llegar a un clímax central adecuadamente poderoso para a partir de ahí ofrecer –sobre todo en la orquesta– una calidez en el fraseo y una emotividad absolutamente acongojantes. El Adagio sostenuto está desgranado con esa peculiar mezcla de delicadeza y nostalgia que necesita, pero incomprensiblemente en la sección rápida central el pianista se echa a correr para realizar una exhibición del más vacuo virtuosismo. Flojo, finalmente, el Allegro scherzando, con una batuta que desaprovecha por completo las posibilidades melódicas del tema principal en su primera aparición y un pianista de nuevo obsesionado por dejar clara su agilidad. La apoteosis final sí alcanza mucha garra dramática, pero no puede evitar el agridulce sabor de boca. Magnífica la toma. (7) 19. Ogawa. Owain Arwel Hughes/Sinfónica de Malmö (BIS, 1997). La gran virtud de esta interpretación en la amplitud de sus tempi y la manera en la que, amparándose en ellos, se frasea con naturalidad y vuelo lírico, dejando a la música respirar y no cayendo en la menor precipitación. Ahora bien, mientras la pianista oriental se mueve muy bien dentro de este concepto haciendo gala de un fraseo muy bello y sensible, ya que no de un sonido del todo adecuado para el compositor ni de un temperamento con toda la garra dramática que debiera, el maestro galés no logra tensar la arquitectura ni inyectar teatralidad, ni elocuencia ni variedad expresiva a las intervenciones de una orquesta que tampoco es muy allá: a la postre la arquitectura se le viene abajo. Soberbia la ingeniería de sonido. (7) 20. Volodos. Chailly/Concertgebouw (YouTube, Proms 1997). De los BBC Proms nos llega una interpretación pletórica de virtuosismo, de entusiasmo y de brillantez, a la que le falta un punto más de emoción y de idioma para ser excepcional, así como algo más de poesía en los pasajes en los que el solista se deja llevar por los fuegos artificiales. Como sale gratis, merece la pena conocerla. (8)   21. Grimaud. Ashkenazy/Philharminia (Teldec, 2000). Han pasado ocho años desde su primera grabación y, aun siendo el enfoque de nuevo lírico y apolíneo ante todo, la pianista francesa ha madurado su lectura y ahora ofrece mayores dosis de apasionamiento, más atención a los matices –sigue habiendo alguna frase un punto mecánica– y, en general, mayor sensibilidad. Claro que lo que marca la gran diferencia es la dirección de un Ashkenazy que conoce como pocos el lenguaje del compositor y, haciendo ahora gala de mayor concentración que cuando dirigía a Gavrilov y a Thibaudet, se lanza en plancha a poner de relieve los aspectos más emotivos de la obra, atendiendo de forma especial a la atmósfera, a la melancolía y a la voluptuosidad bien entendida, ofreciendo además detalles de gran elegancia y sutileza. Entre los dos artistas ofrecen momentos verdaderamente mágicos, como el final del primer movimiento, y consiguen el que quizá sea el Adagio sostenuto más hermoso de todas las grabaciones comentadas. Se podrán preferir enfoques más dramáticos y escarpados, pero como interpretación lírica esta es la número uno. (10)   22. Zimerman. Ozawa/Boston (DG, 2000). Increíble de virtuosismo por su claridad digital, riqueza sonora y variedad del sonido, el pianista polaco ofrece una recreación intensa y sentida, pero no muy dada al vuelo lírico, ni al exceso de melancolía ni a los arrebatos románticos, sino manteniendo siempre ese punto de “intelectualidad” que caracteriza su arte. El maestro oriental acompaña con muchísima claridad y gran refinamiento. A ambos se les habría de pedir un punto más de garra, así como de idioma, para que la interpretación fuera genial. La toma sonora no termina de convencer: pone en muy primer plano al piano. (9)     23. Scherbakov. Yablonsky/Snfónica del Estado Ruso (Naxos, 2002). Aunque el interés del sello Naxos al grabar este disco era mostrar las posibilidades del SACD y el DVD-Audio (no lo consiguió del todo: la naturalidad de la reproducción es grande pero la toma original no especialmente memorable), lo cierto es que nos encontramos ante una interpretación de muy buen nivel a cargo de un pianista que frasea con sensibilidad, sin la menor rigidez, acompañado de una batuta que hace sonar con gran belleza a la orquesta –magnífica la cuerda– y desgrana la partitura con apreciable aliento lírico. Para terminar de convencer sería necesario un enfoque menos ensoñado, con más garra dramática, un toque más variado al piano y, en general, una dosis mayor de imaginación y compromiso expresivo. (8)    24. Lang Lang. Gergiev/Mariinsky (DG, 2004). Tras una introducción lentísima y genial, Lan Lang empieza a vacilar entre momentos muy logrados y otros en los que se precipita en el más insustancial virtuosismo. Y es que el pianista oriental tiene una vena exhibicionista que de vez en cuando sale a flote llegando a ponerse por encima de su incuestionable talento: este es el caso. No ayuda precisamente la batuta (¡oh, no, otra vez él!) de Valery Gergiev, en exceso robusta, gruesa y vulgar. En suma, una interpretación vistosa pero deslavazada e insincera. A olvidar. (6)     25. Leif Ove Andsnes. Pappano/Filarmónica de Berlín (EMI, 2005). Pappano procura acentuar contrastes, haciendo que las partes extrovertidas suenen especialmente juveniles e impetuosas y que las introvertidas lo hagan con lirismo especialmente delicado. Por fortuna logra no caer ni en la brutalidad ni en la blandura, respectivamente, si bien el resultado es más vistoso que profundo. El pianista ofrece virtuosismo sobrado y una apreciable objetividad, aunque le falta un punto de imaginación y emotividad. Registro notable pero innecesario. (8)  26. Grimaud. Abbado/Lucerna (DVD DG, 2008). Batuta y solista coinciden en huir de la ampulosidad, el decadentismo y la retórica para ofrecer una lectura sobria, elegante y analítica, de enorme transparencia, muy fluida, en la que en cualquier caso la enorme poesía y concentración de la pianista, que consigue un bellísimo pero nada almibarado Adagio sostenuto, se pone por encima de una batuta más preocupada por el refinamiento y la levedad del sonido que por la calidez expresiva. (9)      27. Yuja Wang. Abbado/Mahler Chamber Orchestra (DG, 2010). En este registro en vivo el director italiano vuelve a ofrecer una dirección tan vistosa y eficaz como superficial y obsesionada por esas texturas leves, refinadas y muy pulidas que tanto gustan al maestro. Muy por debajo de la Grimaud la pianista oriental: agilísima, objetiva y sin narcisismos, pero cuadriculada, aséptica y tendente al mero virtuosismo. (6) 28. Kawamura. Belohlavek/Filarmónica Checa (RCA, 2013). Ya desde los acordes iniciales del piano, particularmente decididos y amenazantes, queda bien claro que esta no va a ser una interpretación rutinaria. Efectivamente, solista y director coinciden en alejarse del Rachmaninov sensual, evocador y ensoñado –estamos aquí en las antípodas de Vásáry con Ahronovitch, para entendernos– y ofrecer una visión ante todo encendida e impetuosa, de pasiones de altos vuelos, por momentos muy escarpada, a veces rotunda, y de una vehemencia que, por fortuna, no hace caer a ninguno de los dos en el mecanicismo ni en lo cuadriculado. Antes el contrario, la joven pianista japonesa –de sonido poderoso, algo percutivo– y el maduro maestro checo frasean de manera flexible e imaginativa, ofreciendo numerosos detalles personales que, todo sea dicho, no siempre acaban de convencer. De hecho, aunque globalmente la lectura engancha, el vuelo poético no termina de surgir, en parte por lo unilateral del enfoque, en parte porque probablemente ninguno de los artistas termina de sintonizar con el universo sonoro y expresivo de Rachmaninov. La toma sonora, realizada en vivo, es muy buena, y escuchada en HD audio ofrece gran relieve a los contrabajos –aquí a la izquierda–, pero se echa de menos espacio en la sala: todo suena en exceso apegotonado. (8)  29. Kissin. Chung/Filarmónica de Radio Francia (YouTube, 2014). A tenor de lo que le estamos escuchando en los últimos años, Kissin parece haber entrado en una fase en la que le preocupa más el análisis objetivo de la partitura que la intensidad emocional. Efectivamente, este Segundo está todo lo increíblemente bien tocado que en él se puede esperar, con un sonido tan poderoso como bien controlado en la dinámica, y se encuentra clarificado en todas sus líneas de una manera difícilmente superable por cualquier otro pianista, pero ese fuego, esa imaginación, ese compromiso interpretativo de antaño parecen hoy en cierto modo atenuados. La dirección de Myung-Whun Chung, curvilínea y rica en el color, se escora claramente hacia lo sensual y lo ensoñado, ofreciendo un Adagio sostenuto muy bello pero quedándose falto de fuego en los movimientos extremos, hasta llegar a incurrir –tema lírico del Allegro scherzando– en una blandura bastante molesta. (8)

Riccardo Chailly

Riccardo Chailly (20 de febrero de 1953) es un director de orquesta italiano. Comenzó su carrera como director de ópera, extendiendo gradualmente su repertorio para abarcar la música sinfónica. Desde 2005 es el director principal de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig.



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